Gilda
Reconozco que me sentí halagado cuando me eligió para tan glamurosa misión, señor Raminikov. Formar parte del equipo de seguridad de fenómeno mundial en que se ha convertido la avestruz Gilda era un aldabonazo a mi exitosa carrera. No se ría, hablo en serio. Pero no me dijo que entre mis funciones estaba incubar el huevo que la susodicha puso en mitad de su gira por los cabarets de Europa. Mis compañeros me han perdido el respeto, me han puesto de mote La gallina Turuleca los muy...